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Diario Expreso: ¡El Sida ya es de todos!


Abril 01, 2011| Francisco Huerta Montalvo

Indignan, en la dimensión que tomándola de Stéphane Hessel, recomendaba Antonio Parra ayer, muchas de las situaciones que se vienen dando en el Ecuador.
Como la lista podría parecer un ejercicio de masoquismo, omito reseñarla. El país la conoce bien puesto que la sufre cotidianamente.
Lo que no puedo, ni deseo omitir, es mi manifiesta indignación por lo que viene pasando en un sector clave para el desarrollo nacional sin que el Gobierno se tome la molestia de reflexionar sobre cuánto de razón pudiesen tener los que se atreven a emitir consideraciones críticas sobre el manejo del mismo, a despecho del cuantioso esfuerzo cumplido por financiarlo adecuadamente.

Es una muestra de absoluta y peligrosa soberbia, la de descalificar a priori todo lo que provenga de orígenes distintos al de los turiferarios en turno. Muestra también, de ausencia de inteligencia emocional, condición que perturba la conciencia ciudadana dada la alta responsabilidad ejercida por quien evidencia esa complicada condición.

La gestión de la salud denominada pública viene dando, desde el inicio del actual régimen, materia de amplia y sustentada crítica, pero el Gobierno, desoyéndolo todo, se ufana del monto invertido en el sector y para efectos publicitarios es ese monto su argumento superior y se resiste a escuchar cualquier otro.

Precisamente, la magnitud considerable de ese monto, como en pocas oportunidades previas había ocurrido, debería ser el motivo de una gran vergüenza.

Y es que la inversión, que no es gasto, que se realiza a favor de la salud de todos, a más de cuestión de magnitud es también cuestión de calidad de gasto. A su vez, la calidad de ese gasto se mide en relación a los resultados logrados y, además de equipamiento destinado a convertirse en chatarra cara, por lo improcedente de su adquisición y la ausencia de mantenimiento, resultan escasos los beneficios obtenidos y muy discutibles algunas de las políticas desarrolladas.

Bien se ha dicho que el esfuerzo económico en salud, esto es: más dinero para la salud, debe ser compensado por más salud por ese dinero. En el caso del Ecuador ha sucedido todo lo contrario: tenemos peor salud y, desgraciadamente, la sospecha de más corrupción.

Ahora, el impasse con el Fondo Global no puede quedar en dimes y diretes. La dignidad nacional exige una aclaración exhaustiva. Se sabe bien la altanería de algunos funcionarios de organismos internacionales de cooperación, pero igualmente el abuso que con dichos fondos suele hacerse. Es imperativa una aclaración digna del nombre.

Mientras tanto, lo sustantivo es evitar que se queden desprovistos de sus medicamentos los alrededor de 8.000 pacientes, algunos plenamente reinsertados a la vida laboral y social, que comienzan a sufrir la pesadilla de recaer en lo que en síntesis es una sentencia de muerte.

El riesgo en que, por esto o aquello, se están poniendo sus vidas, obliga a rectificaciones urgentes, incluyendo la determinación de responsabilidades para que no sean, como en el caso de los neonatos la serratia, culpable de todos los virus de la inmunodeficiencia humana, los famosos VIH.

Ahora, duele ver a los infectados suplicando la entrega de los antirretrovirales. ¡Presidente, el país espera su respuesta!

Fuente : Diario Expreso


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