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| Guayaquil,
Ecuador |
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INFORMACIÓN
SOBRE VIH/SIDA |
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¿Qué
es el VIH/SIDA?
Comencemos por explicar lo que significan los acrónicos VIH
y SIDA.
El VIH es el Virus de Inmunodeficiencia
Humano.
SIDA significa: Síndrome
de Inmuno Deficiencia Adquirida.
Síndrome: Conjunto de manifestaciones (síntomas)
que caracterizan a una enfermedad.
Inmuno: Relacionado con el sistema de defensas
de nuestro cuerpo.
Deficiencia: Indica que el sistema de defensas
no funciona o funciona incorrectamente.
Adquirida: Que se adquiere y se contagia. No es
congénita ni hereditaria.
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¿Cómo
se diferencian el VIH y el SIDA?
- El VIH
es el Virus de Inmunodeficiencia Humano que causa, en etapas
avanzadas, el SIDA.
- Tener
SIDA significa que su sistema inmune se ha debilitado y resquebrajado,
haciéndolo susceptible a contraer infecciones o enfermedades
oportunistas que dañan la salud de la persona.
Ser portador de VIH
(o VIH positivo) no es lo mismo que tener SIDA
-
El
cuerpo humano produce anticuerpos para luchar contra las enfermedades.
En el caso del VIH los anticuerpos solamente muestran que la
persona se infectó.
-
Esto significa que el virus está presente en cuerpo y
que puede transmitirlo si no se toman medidas de prevención
correspondientes.
-
Muchas
veces el VIH está inactivo por un tiempo y la persona
no tiene síntomas de enfermedad, aunque SI puede transmitir
el virus a otras personas.
-
Generalmente las personas con VIH no se enferman por muchos
años.
-
Pero si la persona no sabe que tiene VIH y/o no se medica adecuadamente,
su sistema inmune se debilita con el paso del tiempo.
-
Entonces es que las infecciones o enfermedades oportunistas,
como los virus, parásitos, hongos y bacterias que normalmente
no causan problemas, pueden afectar su salud seriamente.
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¿Qué
es el sistema inmune o sistema de defensas?
-
En el medio en que vivimos existen gérmenes (virus, bacterias,
hongos y parásitos) capaces potencialmente de atacar
nuestro organismo. Nuestro cuerpo se defiende de estos agresores
gracias al sistema inmune, cuya función es destruir estas
infecciones.
-
Este sistema de defensa actúa principalmente a través
de un tipo de glóbulos blancos de la sangre llamados
linfocitos que vigilan permanentemente nuestro organismo.
-
Cuando un germen penetra en nuestro cuerpo es reconocido por
los linfocitos. Estos dan la alerta al resto del sistema inmune
para que lo destruya, atacándolos directamente o por
medio de sustancias llamadas anticuerpos.
-
Por lo tanto, la presencia de anticuerpos en el organismo indica
que estamos o hemos estado infectados por ese virus.
La
fortaleza del sistema inmune se mide a través de un examen
que mide las Células-T, también llamadas Células
CD4. Una persona sana tiene un conteo entre 500 y 2.000 Células-T
o CD4. Estas son las células que el VIH destruye cuando se
multiplica indiscriminadamente en el cuerpo humano de una persona
con VIH que no sigue un tratamiento médico adecuado.
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|
| ¿Cómo
actúa el VIH?
-
El
VIH ataca a los linfocitos (Células T o CD4) que son
los directores de nuestro sistema de defensa.
-
Inicialmente el VIH permanece en estado latente, es decir, “dormido”
dentro de los linfocitos. En algunos casos, al pasar del tiempo,
a menudo años y por causas aún no bien determinadas,
el virus se activa, es decir “despierta” y comienza
a destruir los linfocitos.
-
De esta forma el VIH debilita progresivamente el sistema inmune,
ocasionando que nuestro organismo no pueda luchar adecuadamente
contra diversos gérmenes.
-
Cuando una persona llega a tener menos de un conteo de 200 Células-T
o CD4 se dice que tiene SIDA, es decir, que su sistema inmune
ha sido suficientemente deteriorado que es presa para muchas
infecciones oportunistas.
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| ¿En
qué fluidos del organismo se encuentra el VIH?
-
El
VIH ha sido aislado en numerosos fluidos del organismo: sangre,
semen, líquido preseminal, secreciones vaginales, leche
materna, y en cantidades muy pequeñas en saliva y lágrimas.
-
Sin embargo, es muy importante saber que sólo en sangre,
semen, líquido preseminal, secreciones vaginales y leche
materna existe concentración de VIH suficiente para producir
la transmisión.
-
Es imposible contraer el VIH a través de la saliva o
de las lágrimas, así como por la picadura de un
insecto o por el sudor.
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| ¿De
qué manera se transmite el VIH y cómo prevenirlo?
El
VIH puede transmitirse por tres vías:
- Por
Vía Sanguínea:
- Transmisión:
Se produce a través del intercambio de agujas, jeringas
y/o cualquier elemento punzante sin esterilizar y por transfusiones
de sangre no controladas.
- Prevención:
-
Nunca intercambiar o compartir agujas y jeringas con otra
persona. Una sola vez puede ser suficiente para contraer
el VIH. Dado que la vía sanguínea es la
más efectiva para la transmisión.
-
Usar una nueva aguja y jeringa descartable cada vez.
-
Controlar que todo procedimiento que incluya algún
corte o punción (pinchazo) se realice con material
descartable o esterilizado (dentista, manicura práctica
médica, etc).
- En
cuanto a las transfusiones sanguíneas, se ha reducido
al mínimo el riesgo ya que desde 1985 debe controlarse
la sangre a transfundir.
- Por
Transmisión Sexual:
- Transmisión:
El paso del virus se realiza a través de las lesiones
o heridas microscópicas que se producen durante la
penetración y otras prácticas sexuales. Es así
como los fluidos de las personas portadoras de VIH ingresan
al cuerpo de sus parejas. Las relaciones sexuales pueden transmitir
el VIH ya sean éstas homosexuales o heterosexuales,
se trate de relaciones vaginales, anales o buco genitales.
Es decir, es un error pensar que sólo los homosexuales
o personas promiscuas son vulnerables al VIH. Un solo contacto
de sexo sin protección con una persona portadora de
VIH es suficiente para la transmisión.
- Prevención:
-
Lo único que puede protegernos en las relaciones
sexuales es el uso correcto del preservativo (condón)
de látex. Éste actúa como barrera
mecánica impidiendo el intercambio de fluidos (semen,
líquido pre-seminal, fluidos vaginales, sangre)
y el contacto de semen con sangre.
-
Se debe usar el preservativo siempre, tanto en sexo oral
como en todas las relaciones que impliquen penetración
vaginal, o anal, incluso cuando la mujer está embarazada.
-
El preservativo debe cumplir con las normas IRAM y ser
usado antes de la fecha de vencimiento.
-
Los preservativos deben guardarse en un lugar fresco,
ya que el calor puede arruinar o romper el preservativo
con facilidad. Hay que evitar el uso de lubricantes de
aceite, como vaselina, parafina o lanolina, porque disminuyen
la resistencia del latex.
-
Cada preservativo debe ser utilizado UNA SOLA VEZ. Debe
retirarse antes que se pierda totalmente la erección
para que el semen no se derrame al interior de la vagina
o el recto. Los preservativos deben utilizarse de a uno,
ya que el uso de dos preservativos aumenta el riesgo de
roturas.
-
Además, en la actualidad se cuenta con preservativos
femeninos.
-
La píldora anticonceptiva, la T de cobre, el ligamiento
y demás instrumentos contra el embarazo no protegen
contra la transmisión del VIH.
- Por
Transmisión Prenatal de Madre a Bebé (Transmisión
Vertical).
- Transmisión:
-
Una mujer portadora del VIH puede transmitir la infección
a su bebé durante el embarazo, el parto o la
lactancia.
-
El virus puede transmitirse al bebé durante el
embarazo, el parto o por la leche materna, si la mujer
no recibe atención médica.
-
La posibilidad de transmisión es mínima
cuando la mujer se controla el embarazo, realiza el
análisis de VIH, recibe tratamiento adecuado
y evita el amamantamiento.
- Prevención:
Es aconsejable que la pareja conozca su serología
antes de la decisión de un embarazo. Si durante el
embarazo la futura madre descubre que tiene VIH, debe hacerse
tratar inmediatamente para evitar transmitírselo
al bebé. El riesgo se reduce casi en su totalidad
si la mujer es tratada con los medicamentos adecuados durante
su embarazo y evita darle de lactar a su bebé, usando
sólo leche preparada. Las posibilidades de transmisión
de la madre al hijo si no se realiza ningún tratamiento
son de aproximadamente 30%. En cambio, si se realiza un
tratamiento y los controles adecuados, las posibilidades
de transmisión se reducen a menos del 3%
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|
¿Cómo
evitar la transmisión del virus de la madre al bebé?
-
Cumplir
con los controles médicos desde el comienzo de tu embarazo.
-
Solicita que te realicen el análisis de VIH con el primer
control médico, antes del tercer mes de embarazo.
-
Si el resultado del análisis de VIH es positivo, es importante
que sigas las indicaciones médicas y apliques las medidas
de cuidado para evitar las transmisión al bebé
(hacer los controles y el tratamiento clínico, suspender
la lactancia materna.)
Si tienes
VIH y estás embarazada:
-
Es
importante que recibas el tratamiento médico cuanto antes
para preservar tu salud y evitar la tranmisión al bebé.
-
Puedes tomar la medicación indicada a partir del 3°
mes de embarazo.
-
No le des el pecho a tu bebé. Puedes alimentarlo con
leche maternizada que será provista en el hospital.
-
Tiene que traer al bebé al control médico todos
los meses y hasta los 2 años de vida.
Es
importante recalcar que el temor y la desinformación por
desconocer las verdaderas vías de transmisión no nos
lleven a la discriminación o aislamiento de la persona viviendo
con VIH o enfermo de SIDA. Ellos necesitan de nuestra comprensión
y apoyo para poder sobrellevar las dificultades físicas y
emocionales que sufren. El VIH/SIDA es un problema de todos.
Asimismo
es fundamental que sepas que tienes derecho a guardar secreto sobre
tu estado de salud y confiarlo solo a tus seres queridos, que comprenden
y acompañan.
También
puedes confiar en el equipo de salud, que te ayudará y no
dirá tu nombre ni tu enfermedad sin tu autorización.
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|
¿Cómo
no se transmite el VIH?
-
El
sexo con protección impide la transmisión del
VIH. De ahí que, si se protegen, las personas que viven
con VIH pueden tener relaciones sexuales sin riesgo de transmitírselo
a sus parejas sexuales.
-
El VIH no se transmite por contactos corporales simples como
dar la mano, compartir un espacio, de trabajo, un inodoro, cubiertos,
abrazos, etc.
-
No se adquiere por compartir juegos infantiles o acudir a una
escuela a la que asista un niño que vive con VIH.
-
Los mosquitos (o cualquier otro animal) no transmiten el VIH.
-
El VIH no se transmite por la saliva durante el beso, excepto
si ambas personas tuvieran lastimaduras sangrantes en la boca.
No
hay riesgo de que el personal de salud contraiga el VIH si se aplican
los protocolos de bioseguridad.
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|
| ¿Cómo
saber si se ha contraido el VIH o SIDA?
-
Podemos saberlo mediante un sencillo examen de sangre. Este
examen nos indica si esa persona tiene anticuerpos frente al
VIH, lo cual determina que ha contraído el virus.
-
Si usted ha tenido cualquier comportamiento de riesgo y desea
saber si ha contraído el VIH, debe hacerse este examen.
Algunas personas sufren de lo que se llama “infección
aguda” del VIH, es decir, se enferman con síntomas
parecidos a los del dengue o de una fuerte gripe a las dos a
cuatro semanas de la transmisión. Pero aproximadamente
la mitad de las personas portadoras no notan nada.
-
Sin embargo, si usted sospecha que la transmisión ha
ocurrido recientemente, recuerde que hay la posibilidad que
el examen de anticuerpos salga negativo, a pesar de tener el
VIH.
-
Entonces se tiene dos alternativas: Esperar de tres a seis meses
para hacerse el examen de anticuerpos de VIH, o hacerse lo que
se llama un examen de “carga viral” con la asistencia
de un médico infectólogo que sí detecta
la presencia del virus al poco tiempo de la transmisión.
-
Las pruebas son absolutamente voluntarias y nadie puede obligar
a una persona a someterse a ellas. La exigencia de la prueba
sin consentimiento es un acto ilegal que debe ser denunciado.
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Historia
del VIH/SIDA
Los
primeros casos del SIDA fueron descubiertos en la ciudad de Los
Ángeles (EEUU) en junio de 1981. Allí, el Dr. Michael
Gottlieb y colaboradores describen la inusual aparición de
enfermedades características de pacientes inmunodeprimidos
en pacientes jóvenes previamente sanos. En otros términos,
lo que llamó la atención de estos profesionales fue
la presencia de enfermedades oportunistas (pulmonía, sarcoma
de Kaposi, entre otras) en cinco pacientes sin antecedentes médicos
que pudieran explicar esta situación. Estas enfermedades
oportunistas son las que eventualmente causan la muerte de las personas
enfermas.
Este
cuadro fue inicialmente interpretado de la siguiente forma:
Todos
presentan enfermedades oportunistas a un sistema inmunológico
deprimido, por lo tanto debía existir un trastorno de las
defensas, lo que rápidamente se comprobó con pruebas
de medición de la misma.
Un
agente infeccioso, sexualmente transmisible, debía ser el
responsable de esta nueva enfermedad.
La
creencia inicial acerca de que esta enfermedad se restringía
a los homosexuales llevó a algunos autores a denominarla
“Síndrome de Inmunodeficiencia relacionada con los
homosexuales”. En agosto del mismo año, 111 casos similares
habían sido reportados al CDC (Centro de Control de Enfermedades)
de los EE.UU., lo que llevó a organizar un registro nacional
de casos en ese país. Subsecuentemente, nuevos casos de SIDA
fueron descritos en otros grupos: hemofílicos, comunidades
haitianas, drogadictos, pacientes transfundidos, hijos de madres
en grupos de riesgo, las parejas heterosexuales de personas infectadas,
trabajadores de la salud, etc. En poco tiempo, la comunidad médica,
y con ella la sociedad entera, fueron tomando conciencia de la existencia
de una nueva epidemia sin precedentes en la historia de la medicina.
El
aislamiento y descubrimiento de un agente viral (el VIH) en material
proveniente de un paciente en París, por el equipo dirigido
por el Dr. Luc Montagnier en 1983 fue corroborado meses más
tarde por Robert Gallo en los Estados Unidos, e identificado como
el causante del SIDA.
A
partir del año 1984 se desarrollaron las pruebas para el
examen de sangre serológico, es decir, la detección
de anticuerpos contra el VIH circulantes en el cuerpo humano, lo
que abrió un nuevo campo para los estudios epidemiológicos
y clínicos, así como para la prevención de
la transmisión a través de los bancos de sangre.
Los
primeros avances medicinales se hicieron con los ensayos de Zidovudina
(AZT) iniciados en 1986, abriendo las primeras evidencias acerca
de la posibilidad de obtener un tratamiento para esta patología.
Estas evidencias se vieron confirmadas con el surgimiento de otros
compuestos antivirales. Paralelamente, el uso de otras sustancias
ya conocidas como el interferón, antibióticos de diversa
estirpe y una variedad de quimioterápicos fueron incrementando
notablemente el armamento disponible, el cual, si bien insuficiente
para curar el virus, resultaba apto para mejorar la calidad de vida
y para prolongar la vida de los pacientes afectados.
A
partir de 1991, el AZT se vió acompañado por otras
drogas nuevas, como el DDI, DDC, 3TC, D4T, etc., desarrolladas para
luchar contra el VIH, que difieren de la primera por su menor toxicidad.
Estas alternativas abrieron el camino para tratamientos combinados
o secuenciales. Desde 1995 se generalizó la utilización
de la terapia con dos de las mencionadas drogas en forma combinada.
La superioridad terapéutica de los “cócteles”
o combinación de hasta tres drogas fue demostrada por primera
vez en la XI° Conferencia Internacional sobre SIDA que se llevó
a cabo en la ciudad de Vancouver en 1996. Más recientemente,
la introducción de un nuevo grupo de medicamentos llamados
“inhibidores de proteasa” e “inhibidores no-nucleósidos”
han permitido lograr una significativa mejoría en la lucha
contra la infección y las expectativas de vida de las personas
viviendo con VIH.
En
el ámbito mundial se han descubierto hasta la fecha tratamientos
muy avanzados. En 1987 una persona con VIH debía ingerir
más de 20 pastillas al día para vivir 3 o 4 años
más. Para 1999 la ciencia había avanzado mucho y un
paciente podía ingerir 3 pastillas diarias y tener un promedio
de vida de 20 años más. En estos momentos en los Estados
Unidos ya hay tratamientos de 1 pastilla por día y una persona
con VIH puede vivir casi como con una enfermedad crónica
(Ej. Diabetes), es decir, los medicamentos aíslan y suprimen
el virus de tal manera que se puede llevar una vida prácticamente
normal, siempre y cuando la persona no descuide su tratamiento.
Sin
embargo, aun superados los obstáculos para sintetizar una
vacuna segura y efectiva, quedará por resolver el acceso
masivo e igualitario a la misma. Obtenida una vacuna contra el VIH/SIDA,
la humanidad se verá enfrentada al desafío de ponerla
al alcance de la población de todas las regiones del mundo,
sin que razones de desarrollo económico o capacidad de compra
interfieran con ese objetivo.
El
VIH/SIDA registra eventos únicos en la historia de la medicina,
tales como que una sesión especial de la Asamblea General
de la ONU se reuniera en 1988 declarando por unanimidad, “de
interés universal”, la lucha coordinada contra la enfermedad.
El
1° de diciembre de 1994, en ocasión del Día Mundial
de la Lucha contra el SIDA, los jefes de estado o representantes
de 42 países reunidos en Francia, firmaron la Declaración
de la Cumbre sobre SIDA en París que declara la humanidad
amenazada por la pandemia del SIDA y compromete a los países
firmantes a implementar las estrategias adecuadas para enfrentar
la emergencia sanitaria.
La
historia del VIH/SIDA no comienza obviamente en Los Ángeles
en 1981. Dicha referencia nos remite a la primera comunicación
en la literatura médica, aunque ulteriores estudios retrospectivos
permiten detectar casos en pacientes fallecidos en las décadas
del 60 y 70 en África desde donde aparentemente se propaga
la enfermedad con el contagio de monos infectados hacia humanos.
Y
así como la historia del VIH/SIDA no tiene una fecha precisa
de comienzo, carecemos al presente de información que nos
pueda permitir pronosticar su extensión. Aun en el caso que
una vacuna estuviera masivamente disponible para todo el planeta
en los próximos años, las generaciones actuales tendrán
que seguir lidiando con las consecuencias de la actual epidemia
por el resto de sus vidas.
El
conocimiento de la historia de esta epidemia resulta una base útil
para repensar nuestros enfoques de la salud pública, los
sistemas que están supuestamente a su servicio y las actitudes
sociales frente a los fenómenos epidémicos. Tal vez
de esta manera, la próxima epidemia, cualquiera que ella
fuera, nos encontrará mejor preparados para enfrentarla y
vencerla.
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